HISTORIA N° 30: Esperando la tortuguita



Al kiosco viene todo tipo de gente. No se me ocurre otra clase de comercio que agrupe a tantos tipos de personas, tan diferentes. Cada edad tiene sus productos más clásicos, pero tengo una clienta que rompe todas las estadísticas previsibles. Es una señora muy muy viejita, muy arrugada, que camina despacito y, desde hace varios años, viene todos los días a comprar Tortuguitas. Parece a propósito la analogía, pero juro que es verdad. Y lo más sorprendente de todo es que compra de a 15 o 20. Como eso me llamaba la atención, un día le pregunté cuántos nietos tenía: ella me contestó que ninguno, que esos chocolatines eran para sus hijos. No le dije nada, pero me pareció muy raro: la señora tendría más o menos 90 años y difícilmente tuviera 15 hijos que ninguno fuera padre o madre. De todas formas no quise ser entrometido y ahí quedó. Un día, charlando con otra clienta, me contó que trabajaba en un comedor escolar para chicos de bajos recursos y que era una fiesta cuando llegaba Juana con los chocolatines. Ahí entendí muchas cosas. Una de ellas es que se puede ser madre a los 90. (Historia enviada por Hugo, kiosquero de Rosario)