HISTORIA Nº 33: De tal Aguila tal astilla



Mi viejo siempre tenía un bocadito de menta de Aguila en el bolsillo. A ninguno de mis amigos les gustaban, excepto a mí, que siempre le sacaba algunas. Porque los bocaditos tienen eso de que a una mitad le gustan y a la otra mitad no. Después de unos años, mi papá falleció pero siempre que paso por algún kiosco y veo los bocaditos me compro varios. Me gusta hacerlo porque siento que es como una tradición. Ahora tengo un hijo, Tobías, de 7 años y el otro día me pidió uno. “Es un bocadito de chocolate que parece una moneda y a tu abuelo le encantaban”, le dije. Y Tobías probó uno. A medida que lo iba degustando, me dí cuenta de lo importante que era ese momento para mí. “Y, ¿qué onda?”, le pregunté. Se me hacía un nudo en el estómago. Y Tobías puso cara de contento y me contestó: "Son raras, pero me re gustan". Y me puse muy pero muy feliz. Como que era genético, que Tobías estaba del mismo lado del mundo, del lado que yo quería que esté. Hoy soy yo el que siempre tiene los bolsillos llenos de bocaditos de menta para que Tobías me pida. Me hace acordar a mi viejo, me hace acordar a mí y sé que algún día también a Tobías, cuando vea las mentitas en el kiosco, le dará la misma sensación de estar recordando su propia historia. (Enviado por José, de Nuñez)