HISTORIA Nº 36: Una sonrisa por siempre



Recuerdo que mi abuela siempre llevaba un turrón en su cartera. Cada vez que venía a visitarme, ella me pedía un beso y ahí si... Venía el premio! Con los años cada vez venía menos, ya que sus pasos eran más lentos y ante mis reclamos, un día me dijo: ¿querés ser mi compañera de sala? Yo no entendía nada, pero me bastaba estar con ella, no importaba dónde. Ese día fuimos a una clínica y antes de entrar al consultorio, sacó un turrón y me dijo: "Contá hasta 5 y comé tu primer mordisco y cuando yo salga quiero ver una enorme sonrisa en tu cara." Ese fue nuestro momento durante muchos años. Hoy tengo 36 años y dos hermosos hijos, uno de ellos con autismo. Por esa razón paso muchas horas en salas de espera. Pero cuando mi hijo regresa siempre hay una sonrisa en mi cara ¿y saben por qué? Porque nunca falta el turrón en mi cartera. (Historia enviada por Adriana, de Córdoba)