HISTORIA Nº 60: Los helados sean unidos



¡Cómo me gustaba comer en la cama! me acuerdo que comía todo el tiempo ahí.Tostadas, chupetines, caramelos, helado, milanesa, empanadas, papas fritas. Comía de todo. A mi mamá no le gustaba nada porque llenaba la pieza de migas pero yo lo hacía igual. Mi hermano, todo lo contrario. Ordenado, tranquilo, un año mayor que yo. Su cama estaba siempre impecable. Nos llevábamos bien, pero esta diferencia de comportamiento un poco nos alejaba. Hasta el episodio de los helados Cofler. Un día de esos de verano con muchísimo calor me fui al súper a comprar dos helados Cofler. Fue como un antojo. Llego a casa, me tiro en la cama, me como el primer helado, abro el segundo, me cuelgo viendo algo en la tele y me quedo dormido. A las 2 horas me despierta mi hermano en un charco de chocolate. Chocolate en la sábana, mal. Yo pensaba que me iba a botonear, justo él, el chico perfecto de la casa, pero pasó todo lo contrario. “Mamá te va a matar, hay que hacer desaparecer las sábanas”-me dijo y escondimos la sábana en el altillo. Después, mi hermano me cubrió con mamá y nunca soltó una palabra de lo que había pasado. Mamá nunca se enteró: es el día de hoy que la sábana sigue ahí con la mancha de helado Cofler. Y yo siempre me pregunto qué hubiese pasado si ese día compraba un solo helado. ¿Por qué compré dos? Es como si hubiese sabido que uno era para mí y el otro era para mi hermano. Para que mi hermano, se convirtiera en mi amigo. (Historia enviada por Matías, de San Isidro)